Otro placebo caro: los probioticos

Otro placebo caro: los probioticosLos alimentos probióticos, son aquellos a los que se les añade microbios vivos (Lactobacillus, Bacillusclausii, Bifidobacterium, Streptococcusthermophilus, etc.), para mejorar la salud y proteger de enfermedades digestivas. Se trata de bacterias “amigas” que se encuentran habitualmente en productos lácteos fermentados (yogurt líquido, kéfir, galletas) y ejercen efectos beneficiosos como contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal del huésped y potenciar el sistema inmune

Los probióticos también se comercializan en farmacias como suplementos en forma de pastillas, cápsulas, bolsitas o sobres. Se recomiendan habitualmente para el estreñimiento, colon irritable, intolerancias a lactosa, disbacteriosis, mejorar la fatiga y el cansancio, atopia, flora intestinal debilitada por la toma de antibióticos, gastroenteritis o, abuso de laxantes. En estos casos se suelen acompañar de un prebiótico (compuestos que el organismo no puede digerir, pero que tienen un efecto fisiológico en el intestino al estimular, de manera selectiva, el crecimiento y la actividad de las bacterias beneficiosas, los más habituales son la inulina y los fructooligosacáridos.

Se comercializan como suplemento alimenticio, (no son medicamentos) con el reclamo publicitario de: Mejorar las defensas, estimular el sistema inmune, reducir el colesterol y los triglicéridos, atrapan sustancias tóxicas, aumentar los antioxidantes, inhibir las bacterias patógenas y mejorar la producción endógena de vitaminas. Como reclamo publicitario, dicen tratarse de: productos ecológicos y naturales.

Mueven en el mercado actualmente más de 900 millones de euros, todo un desperdicio de dinero en correlación con la revisión de ensayos clínicos1 que sustentan su evidencia. No existen estudios de calidad para saber si las bacterias “amigas” funcionan.

Tan solo existen 7 ensayos clínicos analizan en gente sana, los efectos de los probióticos frente a un placebo. Sin embargo, estos estudios no son ciegos (los médicos saben a quién dan el probiótico y a quien le dan placebo), se caracterizan por su heterogeneidad, metodológicamente están mal realizados, son estudios pequeños, de menos de 82 individuos, de corta duración (máximo de 3 meses) y de metodología poco transparente. Dadas sus divergencias y limitaciones resulta imposible realizar un metanálisis con ellos, por lo que ha tan solo se puede concluir que faltan pruebas para recomendar su uso.

Llevan en el mercado más de 25 años, durante este tiempo, ni fabricantes ni grupos de investigadores independientes han sido capaces de realizar otra cosa que estudios con grandes limitaciones. Como saben los fabricantes, la ausencia de pruebas sobre su beneficio, no es una prueba de que no tengan efecto. Para que gastar en estudios, si el producto ya se vende con la publicidad y, del que podrían sacar beneficios otras marcas farmacéuticas, sin los gastos que conlleva cualquier investigación.
Durante todo este tiempo, si se hubiera querido saber si funcionan o no, probablemente ya lo sabríamos. En buena lógica empresarial, si las multinacionales tuvieran pruebas que demostraran que estos productos son beneficiosos para la salud, ya habrían trascendido, entre otras cosas para ampliar un mercado La mala ciencia siempre favorece a alguien, pero claramente no beneficia a los ciudadanos. El marketing bien dirigido, provoca en estos casos diarrea mental, y esperanzas en mejorarles su estreñimiento.

BIBLIOGRAFIA:
1. NB. Kristensen, T. Bryrup, KH. Allin, T. Nielsen, TH. Hansen and O. Pedersen. Alterations in fecal microbiota composition by probiotic supplementation in healthy adults: a systematic review of randomized controlled trials. Genome Medicine 2016 8:52.