Riesgo renal del uso crónico de antiinflamatorios (AINEs)

Estrategias para el uso seguro y efectivo de AINE.

 

El uso crónico de AINEs está asociado con un riesgo de desarrollar complicaciones gastrointestinales (gastritis erosiva, ulcera, hemorragia digestiva), cardiovasculares (Hipertensión arterial) y, renales (insuficiencia renal).

La toxicidad renal de los AINE es debida a que ejercen sus efectos antiinflamatorios inhibiendo la síntesis de prostaglandinas, lo que a nivel renal conduce a la vasoconstricción de la arteriola aferente renal. Cuando se toman de forma esporádica ante un dolor y de forma recortada en el tiempo, los AINEs son relativamente seguros. Sin embargo, cuando el dolor aprieta de forma mantenida, muchos pacientes recurren a la toma de los AINEs, como un remedio que mitiga su dolor.

María es una paciente de 45 años con fibromialgia y artrosis que se queja de dolores generalizados, fatiga ante mínimas actividades, además de una larga lista de síntomas relacionados. Desde hace 2 semanas su situación ha empeorado, se encuentra peor y ha duplicado la toma habitual de ibuprofeno 600 mg, a 4-5 pastillas al día para mitigar su dolor. Para colmo de males, ha tenido en esos días una gastroenteritis autolimitada a 2-3 días. En la exploración, se observan mucosa oral muy seca, con disminución de la turgencia de la piel e hipotensión ortostática. En los Análisis que me aporta, el recuento de glóbulos rojos es ligeramente bajo (rango normal (4,20×106/mcL), lo que también es sugestivo de deshidratación.  Los niveles de BUN y creatinina están ligeramente aumentados (BUN=22mg/dL, Creatinina=1,9mg/dL), lo que apunta a una disminución en la perfusión renal.

Las personas que toman AINE deben mantenerse hidratadas para mantener un flujo sanguíneo renal óptimo. Factores como la HTA, deshidratación y las circunstancias que la favorecen (gastroenteritis, fiebre, insuficiencia cardiaca, cirrosis con ascitis, toma de diuréticos, o bebidas con cafeína), empeoran el flujo renal.

Igualmente la toma concomitante de otros fármacos para el control de la tensión arterial como los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA), los inhibidores del receptor de la angiotensina (ARA) ó, la toma de antibióticos, aumentan el riesgo de desarrollar insuficiencia renal relacionada con los AINE.

Los AINEs interfieren con la eficacia del tratamiento antihipertensivo y conduce a un mal control de la presión arterial, lo que a su vez aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular.

La toxicidad renal aumenta a medida que aumenta la dosis y la duración del tratamiento. Sus efectos renales pueden objetivarse a partir de los 7-45 días. Si se considera que el tratamiento con AINE es absolutamente necesario, debe utilizarse la dosis eficaz más baja posible y durante el menor tiempo posible.

Algunos AINEs tradicionales (por ejemplo, ibuprofeno) inhiben por igual a la COX-1 y COX-2. Otros como la indometacina y el ketorolaco favorecen la inhibición de la COX-1 mucho más que la inhibición de la COX-2 y, por lo tanto, están asociados con una incidencia mayor de efectos adversos renales y gastrointestinales. Adicionalmente, los AINE con semividas media más cortas (<6 horas), como el ibuprofeno, están asociados con efectos renales tempranos. Estas diferencias deben considerarse cuando se selecciona un AINE para el tratamiento del dolor, particularmente en un paciente con un factor de riesgo subyacente de toxicidad.

Una edad superior a los 75 años incrementa el riesgo de todos los efectos secundarios renales y gastrointestinales. En estos casos es conveniente solicitar una analítica previa con creatinina antes del inicio de la toma de AINE. Durante el tratamiento es conveniente controlar la tensión arterial, el balance de electrolitos y la función renal.